Recorrido (Qué):
La locación urbana específica a recorrer y analizar está
delimitada por el reducto artístico de Recoleta que agrupa los espacios
circundantes a Plaza Francia: Centro Cultural Recoleta y el Buenos Aires Design;
Marcando una las diferencias expositivas entre arte y diseño y sus relaciones.
Medio (Cómo):
El medio seleccionado para dar cuenta del análisis gráfico
será la Fotografía digital, y cuando sea pertinente el uso de fotomontajes para
dar cuenta de operaciones retóricas que tal vez no sean perceptibles con una
sola imagen. Pero sobre todo, el objetivo es tomar fotografías significativas
que aporten luz a la temática conceptual, a través del uso de encuadres, lo que
queda fuera o dentro de campo, la temporalidad “estática” de la fotografía, que
nos permite analizar con detalle ese “instante congelado”.
Justificación
conceptual (Por qué):
Al recorrer el área seleccionada vemos con más pertinencia
como los sectores económicos influyentes en el poder y las decisiones y
elecciones crean su propia idea de lo que es el arte y el diseño. En fin, vemos
como se apropian de estos conceptos de “lifestyle”, “Diseño”, “buen Arte”, con pretensiones de ser elementos de
vanguardia, pero no terminan siendo más que mercancías. Al internarnos en el
Buenos Aires Design, donde aquí el diseño es artificial en términos de Flusser porque
el Diseñador, al ser un artífice, crea formas para engañar a la naturaleza,
creando su propia imagen del mundo, su reproducción y percepción de él se
retroalimentan, pudiendo creerse su propia mentira. En un contexto
socioeconómico como es el barrio de Recoleta, la necesidad de estatus y
diferenciación social marcan un fuerte parámetro de lo que debe cumplir el
diseño y el arte para satisfacer estas necesidades.
Objetos con diseño como carácter de valor agregado, hechos
para hacer confluir arte y técnica, y cobrar más por ello, porque el “usuario”
de estas mercancías puede y está dispuesto a pagar de más, a pagar para
apropiarse de esta “aura” que el “buen diseño” puede proporcionarle para no
pensar en las angustias y falencias de la vida social, a través de mercancías
de producción y reproducción industrial. La sociedad actual aún sigue teniendo
esperanzas en el arte y la técnica como fuentes de valores, y es por eso que
vemos como incluso personas de recursos económicos limitados se esfuerzan para
lograr conseguir algunas de estas piezas de cultura, porque les permiten
posicionarse mejor con respecto a otros en la escala social y conseguir un
mayor estatus.
Vemos como Algunos locales se autoproclaman como “Centros de
Diseño”, lugares del “Buen Diseño”, y garantía de calidad de vida. Sabemos que
como cultura, esto es un auto engaño, ya que estos lugares nos ofrecen sus
productos para mejorar nuestra condición humana a través de lo “arti-ficial”. Y
su poder para lograrlo se basa en su función como “Maquinaria” económica
dominante, teniendo presencia en medios de comunicación masiva. Creando un
espacio artificial a través de la naturalización de un concepto predefinido
socialmente de “hogar”, podemos ver como una puesta en escena de “hogar” es
plantada en medio de un espacio diseñado como vidriera. Situación que vemos
replicada en todos los locales, pero al mismo tiempo una “vidriera” que separa
pero busca integrar interior/exterior son las ventanas que nos trasladan
visualmente hasta el barrio, donde podemos percibir mucha vegetación, que
artificialmente es “diseñada” y reproducida en el interior del shopping,
buscando generar un clima más “natural” entre tanta artificialidad.
La escalera mecánica nos separa del exterior, de la calle y
el bullicio, reemplazándola por música funcional, electrónica. Se distinguen
dos “layers”, dos capas urbanas entre el adentro y el afuera. Aislando y
uniendo las capas simultáneamente, dos mundos separados. Generando un espacio
en cuyo objetivo es vender, no exponer, aunque para ello se han de exponer las
mercancías de manera estética, para causar mayor deseo de compra. Aquí no hay
intención artística de “mirar y observar la realidad que le rodea”, sino de
proponer e imponer una propia realidad demarcada por los estándares económicos
y comerciales que no admite inclusiones, solo exclusiones, de acuerdo a lo que
esté de moda, se establecerá su flujo de renovación.
Paradójicamente, estos esfuerzos de “exponer” estéticamente
para promover deseo es algo que no vemos tan bien reflejado en un espacio de
arte y exposición como es el Centro Cultural Recoleta. Durante la última
semana, se realizó la quinta edición del festival Ciudad Emergente, donde el
diseño audiovisual y gráfico se apropió del espacio expositivo: las salas
expositivas fueron reemplazadas por pantallas de LCD, vinilos pegados en las
paredes, ploteos y hasta portadas de CD’s. Generándose situaciones no
esperables de un espacio de arte como por ejemplo un espacio de peluquería “en
vivo”, o niños jugando al Guitar Hero” en pantalla gigante. Sólo 2 salas
conservaron su idea de espacio expositivo de arte tradicional, una de ellas, la
muestra “Polaridades”, de Fernando Canovas y una muestra de Arquitectura
Argentina. Ambas producen apropiaciones tanto artísticas y de diseño acerca del
espacio urbano, cómo nos relacionamos y transformamos el espacio interior para
sobrevivir en el exterior, la forma en la que construimos espacios y nos edificamos
socialmente. Ya sea desde un simple esbozo o croquis de un arquitecto, o desde
una obra artística pictórica tradicional donde la apropiación de líneas y
planos que trazan dimensiones y espacios que nos recuerdan a planos
arquitectónicos, vemos esta conceptualización del espacio urbano desde el punto
de vista del arte y el diseño.
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