La obra Latidos de Daniel Canogar cuenta con 5 videoinstalaciones y una pensada y armada exclusivamente
por el artista para el Espacio Fundación Telefónica. El espacio expositivo se
haya distribuido en dos de los pisos del edificio, circunstancia que está dada
por la característica del mismo espacio que no fue pensado originalmente para
exponer obras, sino que anteriormente fue la central Juncal de la Compañía Argentina
de Teléfonos. Se trata de ver entonces como el espacio tridimensional ha sido
resemantizado y resignificado por la obra, ya que este ha sido repensado para
incluir a la obra y en otros momento ha albergado a diferentes exposiciones,
con distintos grados de apropiación del espacio. Llenar este lugar de obras no
es una acción inocente: es una acción de diseño y de arte. Canogar se ha
apropiado del espacio expositivo creando un lugar casi onírico en el que
confluyen una puesta en escena de tecnologías reanimadas y la intervención de
proyecciones sobre la superficie material tanto de las obras en sí como del
espacio tridimensional contenedor de la obra.
Las obras han sido construidas a partir de materiales electrónicos de desecho
y de dispositivos tecnológicos obsoletos: cables telefónicos, informáticos y eléctricos;
cintas de video (VHS), bobinas de celuloide (35mm), DVD’s y pantallas de
televisores viejos. Mediante su “paleta”, el artista conceptualiza acerca la
corta vida de las tecnologías que utilizamos y como su “muerte” traza un
paralelo con lo efímero de la vida humana. Las tecnologías que alguna vez
usamos y el recambio tecnológico se encargó de dejar obsoletas, marcan un
tiempo social y cultural determinado, haciendo de esta una obra con cierto
contenido social e ideológico, tal vez como crítica a lo desechable, intentando
dotar de una “nueva vida” a estos artefactos olvidados, haciendo “volver a
latir” conceptualmente estas tecnologías dejadas de lado. Tal vez no la misma
vida que supieron tener en el pasado, pues su función ha sido resemantizada y
dotada de más esplendor al ser parte de una obra altamente impactante, incluso
se llega a perder del marco perceptivo que en realidad son una maraña de cables
o una construcción con cintas, sólo a partir del simple uso de la oscuridad
como elemento significante y preponderante en toda la obra: la oscuridad se
apropia del espacio tridimensional para dar más relevancia a la luz y
animaciones proyectadas sobre las instalaciones. Animaciones y luces que emulan
la energía que alguna vez surcó el interior de estos dispositivos.
Vemos en esta característica de construcción de sentido
similitudes con los conceptos de Flusser: La obra diseñada es una “artilugio”,
una “máquina” en tanto mecanismo que permite engañar a determinada fuerza; el
artista/técnico dota a los materiales de una nueva forma y en esta conceptualización de “dar nueva vida
a lo inanimado y obsoleto” se construye metafóricamente este “artificio”, la
obra burla a la muerte simbólica, al olvido mediático, trayendo “a la vida”
tecnologías desechadas, pero una nueva vida, distinta de la previa, alejada de su
función original y redirigida a ocupar un espacio, también resignificado a
través de la función artística de exposición e instalación. Un diseño que “engaña
a la naturaleza precisamente por medio de la cultura, supera a lo natural
mediante lo artificial y construir máquinas de las que sale un dios que somos
nosotros mismos”. Esta es la nueva “vida” que le otorga el artista/técnico a su
obra a través de la “ilusión”, una vida artificial, superadora de la original,
porque su construcción simbólica apunta a un concepto mayor que el de la mera
utilidad.
En tanto a una categorización dentro del marco mayor del
videoarte, estas obras más que videoesculturas son videoinstalaciones, ya que
plantean un recorrido a través del espacio tridimensional que no se clausura
sólo con la parte material de la obra, incluso la superficie de los objetos
pasan a ser la “pantalla” sobre la que vemos la imagen-video proyectada. En la
relación entre bidimensionalidad de la imagen-video y la tridimensionalidad del
espacio espositivo y de los materiales, hay una relación indisoluble, se
necesitan mutuamente y se autoconvocan para generar el sentido buscado, la una
sin la otra serian solo cables y cintas espacialmente dispuestas, o un loop de imágenes-tiempo
abstractas proyectadas sobre la oscuridad, en una secuencia repetitiva. Su
acción conjunta es lo que determina a esta obra, a diferencia de otras
manifestaciones de videoarte en las que el video o la materialidad son más o
menos preponderantes en cada caso.
La materia significante de la obra, en palabras de Ana Claudia
García, es la imagen electrónica, en
este caso de origen digital, a través de video proyectores ubicados
estratégicamente en la sala. El otro elemento significante es el espacio
tridimensional. “Pensar la instalación requiere pensar(la) en el espacio”. Por
ejemplo, la instalación “Scanner”: la proyección digital consta de líneas
blancas, de distintas formas, pero en una secuencia en loop cada 3:30 minutos;
en relación con la materialidad y el espacio, estas proyecciones chocan contra
una telaraña escultórica de cables eléctricos, telefónicos e informáticos que
cuelgan desde el techo de la sala en penumbras, esta misma oscuridad y las
dimensiones variables del espacio expositivo, generan efectos de chispas de luz
al impactar la imagen-video sobre los objetos y la longitud de los cables de
distintos colores (la luz es blanca, pero los cables son de distintos colores,
generando la sensación de que las luces son multicolores). Los cables también
proyectan su propia sombra sobre las paredes y otros cables, generando
superposiciones y texturas lumínicas. Este espacio expositivo diseñado nos
sumerge conceptualmente en un espacio casi onírico, que nos transporta
simbólicamente a un lugar que se asemeja al interior del sistema circulatorio
humano, o al interior del cerebro, con un efecto que emula a la sinapsis de las
neuronas, ambas abstracciones que no podemos ver a simple vista, pero que a
través de esta construcción y acción de diseño y técnica, es posible apreciar.
La instalación juega con el efecto hipnótico causado por el loop de animación,
que es lo que genera el efecto de “entrar a otro mundo” junto con los otros
recursos.
Tanto en la obra “Tracks”, como en “Flicker”, se hace uso de
cintas (de VHS en la primera, y de celuloide de 35mm en la segunda) extraídas
de sus formatos originales y construyendo un enrejado de cintas/películas sobre
las cuales se proyectan imágenes-video abstractas animadas. Más abstractas en “Tracks”,
donde la animación solo emite luces de colores que abren o cierran el enrejado,
convirtiéndose la cinta de banda magnética en soporte de la luz recibida, como
una “decodificación” de la información contenida en la cinta de VHS. En “Flicker”,
las proyecciones son de escenas de diversas películas y elementos propios del
lenguaje del cine, como la cuenta regresiva para el inicio de película. Aquí se
produce un cruce entre lo digital y lo analógico de los medios maquínicos, ya
que el proyector emite una imagen-tiempo digital con imágenes de cine, sobre
las cintas de celuloide analógico y las paredes, incluso la cinta se haya
sujeta por rodillos sobre los que debiera girar, como en un cinematógrafo (pero
el motor terminó no siendo funcional, así que el efecto de rollo de película
girando, es dado por la proyección). El autor explora en estas obras el
encuentro de la imagen audiovisual con sus soportes de origen,
reinterpretándolos. Si bien estas obras plantean un recorrido en el espacio
tridimensional de exposición, terminan siendo más propuestas escénicas que
inmersivas (a diferencia de “Scanner”) ya que no se nos es permitido por el
personal de seguridad recorrer la obra en todos sus espacios e intersticios con
plena libertad.
Un relevamiento documental en video de algunas de estas
videoinstalaciones nos ayudará a comprender mejor las características propias
del medio y su desarrollo como imagen-tiempo, que un relevamiento fotográfico.
A continuación, una selección de algunos momentos relevantes de la obra de
Daniel Canogar.
"Pneumas".
"Frecuencia".
"Tracks".
"Flicker".

V++
ResponderEliminarMuy buen analisis de la exposición, sobre todo teniendo en cuenta y analizando materialidades y soportes, espacios inmersivos, etc.
Podría ser interesante pensar en la fotografía que sacaste (pensando en el registro de este tipo de obras), como una modificiación de la obra original. La imagen que pretende ser solo registro, transforma la obra, la camara invade con su luz y lo que vemos en la imagen es completamente distinto que lo que vivimos en el espacio de la videoinstalación.
Aplicaste muy bien el texto de Ana Claudia Garcia, un texto interesante para seguir trabajando y pensando espacios de arte / obras / espectador.
Me gustaría que trabajes en la síntesis. Tus trabajos están muy bien redactados y aplicás bien la teoría. Pero muchas veces en la extensión, se pierden las ideas más potentes.
Mariel-