Museo Nacional de Bellas Artes / Claridad, la vanguardia en
lucha.
La exposición “Claridad, la vanguardia en lucha” nos
presenta un relato de una Buenos Aires en lucha, lucha de clases, de poderes,
en el marco de la ciudad como territorio urbano de conflicto, zona de guerra y
de diferencia de clases. La muestra tiene un relato muy fuerte de Buenos Aires
como territorio/ frontera. La revista Claridad, entre los años de 1920-1940,
agrupó en sus páginas a los vanguardistas, intelectuales de izquierda en
oposición a la burguesía y el avance del fascismo. De la lucha proletaria y las
turbulentas relaciones con la burguesía y los patrones surge la necesidad de un
espacio expresivo y de búsqueda de las innovaciones vanguardistas en torno a
las preocupaciones sociales, las luchas obreras y políticas. Incluyendo a “artistas
del pueblo”, varios escritores del Grupo Boedo (en la dicotomía barrial con el
Grupo Florida). Esta obra documenta la transformación social y urbana entre los
años comprendidos en esta exposición, el traspaso del campo a la ciudad, la
incipiente industria nacional, las fábricas y sus pésimas condiciones
laborales, los conflictos por los ínfimos salarios.
La ciudad es una máquina, ya no un paraíso soñado para el flâneur:
en este territorio de lucha y conflicto social, de desigualdad, el sumergirse
en esta multitud, dudosamente pueda traer una fascinación poética con “aureola”,
difícil de mantener ante una ciudad conflictiva y desigual que puede
aplastarte, la nueva sensibilidad va a estar más degradada, más desde la
bohemia, desde los márgenes, ya no desde el punto de vista del dandi. El
bohemio va a estar en los márgenes de las clases sociales, junto con los
desposeídos, y la producción artística va a estar influenciada por los pesares,
por este coqueteo con la muerte, con la belleza de lo efímero, de la fugacidad
y caducidad de todas las cosas, este contacto con la muerte representa el
heroísmo de la modernidad. Encontrar la belleza “a pesar de”, con todas las
contras y malestares que la nueva ciudad tiene para el trabajador promedio.
En esta ciudad de desigualdades, siempre se plantea la
dicotomía ricos/pobres, burgueses/proletarios. En el texto “Baudelaire y la
ciudad”, en el concepto del tráfico urbano también hay una dicotomía, entre Le
Corbusier, que se deja arrastrar por las fuerzas que desarrollan a la ciudad
moderna, y Baudelaire, que no disuelve su propia individualidad al servicio del
progreso de la razón y la técnica. Baudelaire representa al hombre de la calle
que deambula y camina por la ciudad, marginado y desplazado por las nuevas
tecnologías al servicio del trabajo industrial y burgués. Mientras que Le
Corbusier representa al hombre que maneja el coche, que va sobre el tráfico, el
poder de la técnica y de la industria. Baudelaire, esquiva el tráfico y lucha
contra él para sobrevivir en la ciudad moderna. En esta dicotomía vemos también
referencias a la rivalidad intelectual del Grupo Boedo con los de Florida. Y vemos
también conceptos de Flusser en esta cuestión de “la fuerza de la modernización
de las ciudades como fuente de una nueva sensibilidad vinculada con el poder de
la técnica y la industria”: La nueva fe en la técnica para resolver nuestros
problemas, para engañar a la naturaleza, en pos de superar a lo natural y
mediante lo artificial y las máquinas (la industria) constituye la idolatría de
la ciudad moderna.
En este nuevo modelo de ciudad, no todos son ganadores,
privilegiados del progreso y la industria. Muchos quedan desplazados,
marginados, sin identidad. Todos aquellos trabajadores que han perdido su
aureola a causa de la burguesía, el mendigo, el vagabundo, el ciruja; nuevos
personajes de la ciudad moderna amplia en contradicciones. También artistas “que
se venden a la burguesía para ganarse la vida en un mundo que ha perdido totalmente
el gusto por los valores superiores”. En este contexto desigual encontramos a
la muestra, dentro de un organismo del Estado como es el MNBA, en un barrio de
la aristocracia como es Recoleta, vemos expuesta la obra de los otrora desplazados
y aplastados por los conflictos de clases. Propio es de la cultura dominante
apropiarse de la imaginería de la cultura conquistada para emplearla a su favor
(cual si fuera remera del Che Guevara de una marca corporativa).Y al mismo
tiempo, una revista de discurso obrero y revolucionario en contra del régimen,
que estaba en contra del “arte por el arte”, se ve envuelta en la paradoja de
aparecer expuesta en un Museo. De nuevo la dificultad de la exposición como
máquina de guerra para actuar como tal dentro del ámbito de un organismo
público, el Museo, con su propia agenda, ambiciones y poderes. A pesar de esto,
la muestra resulta inspiradora, pero todo va a depender de los ojos que la
miren: ¿Quién observa la muestra, el burgués o el proletario de los tiempos
actuales? ¿Quién la juzga?
En cuanto al espacio expositivo y lo que allí encontramos,
lo primero que esperaríamos hallar en un Museo de Bellas Artes es imágenes pictóricas
clásicas, no solo hay eso sino también distintos tipos de materialidades y
formatos rompiendo el esquema tradicional de exposición museística. Muchos de
estos materiales son obra de medios maquínicos de reproducción masiva,
productos “sin aura”, capaces de ser reproducidos infinitamente, pero expuestos
en un Museo como piezas de arte únicas e irrepetibles. Encontramos obras
audiovisuales expuestas, algo intangible e inmaterial en espacios que funcionan
como marcos dejados “en blanco”, sin pintar para recibir la imagen proyectada.
Imagen en movimiento expuesta, pero no en una sala oscura (por ejemplo,
fragmentos de “La huelga”, de S. Eisenstein). Además de obra pictórica
tradicional, pero en apoyatura con tipografía de plotter pegada en las paredes
y en los pisos(tipografía dialogando entre texto/imagen y como “idolatría”,
como imagen, cristalizando los conceptos expuestos en la obra, también
funcionando como señalética interviniendo en el espacio expositivo),
construyendo un relato entre el arte y el diseño gráfico, vigente también en la
iconicidad de las imágenes de ilustraciones de protesta que se originaron en la
revolución rusa y replicadas por todos los movimientos obreros a lo largo del
mundo (intertextualidad en el reciclado de símbolos ideológicos, como el uso
del puño levantado, usado tanto por revolucionarios obreros como por grupos
fascistas). Vemos expuestas piezas de diseño editorial como son los ejemplares
de la revista Claridad, pero sacadas de su contexto original y expuestos íntegros
en toda su materialidad y formato libro/revista, aunque sólo se nos es permitido
ver su portada. También vemos grabados, sus chapas usadas para reproducirlos y
textos de imprenta, junto a obras de arte pictóricas únicas e irrepetibles.
Encontramos un diálogo entre el “alto” arte y el “bajo” arte.
El rol del curador de la obra, Sergio Baur, es
importantísimo al construir un relato que une lo histórico con lo urbano, que
cruza la vida en la ciudad con la lucha de clases dándole un lugar en el centro
de una “máquina del Estado” como es el Museo de Bellas Artes a un grupo que
siempre luchó desde los márgenes pero sin intenciones de ascender a las altas
esferas artísticas. Un dialogo entre arte y técnica, un arte usado como
compromiso social en la lucha contra el burgués y la técnica como herramienta
ideológica al servicio de la revolución, a modo de dar un nuevo uso y
significado a la tecnología y los medios industriales en una ciudad que se
volvió amenazante, un hervidero de migraciones internas y externas y escenario
de luchas sociales. En este ámbito, el curador da un espacio al arte
revolucionario e ideológico en un centro del “arte burgués”, al cual ha sido
rechazado por los intelectuales de las masas y el proletariado por definición.
Un espacio para el diálogo entre lo histórico y lo urbano
pensado y diseñado para el espacio expositivo y también para un espacio vacío,
un “cubo blanco”, una sala vacía al final del espacio expositivo donde no hay
nada más que un lugar para sentarse y un inmenso ventanal hacia el exterior,
hacia la ciudad. Se genera un juego de contrastes entre lo lleno y lo vacío, el
espacio expositivo recargado y la vista a la ciudad. Una ventana al exterior, a
la contemplación que nos sitúa y enmarca de plano en un contexto urbano que no
debemos perder de vista para comprender la lucha detrás de los conceptos y
obras expuestos.
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| El arte y las masas, uno de los temas centrales de la muestra. |
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| La tipografía en el suelo, a juego con lo planteado en las obras. |
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| Intertextualidad simbólica y reciclado de signos revolucionarios. |
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| Diálogo entre la obra pictórica clásica y tipografía que sirve de anclaje. |
| El "cubo blanco", diálogo entre exposición y el entorno urbano. |




V++
ResponderEliminarmuy buen análisis de la muestra en relación a Flusser, Baudelaire, el flâneur y la ciudad. Muy interesante cómo planteaste estos conceptos relacionados al contexto museístico y sus implicancias y resignificaciones.
Quedaría pensar, quizás ya para el trabajo final, cómo es la relación entre tus imágenes y tus textos. En muchos casos y en este también, están funcionando como anclaje de ideas, y no como relevo, como complemento. Podrías pensar qué elementos y que búsqueda conceptual trabajar en la producción de imágenes, que no estén al servicio de las palabras.
Buen trabajo.