lunes, 30 de abril de 2012

Bitácora Tercer recorrido urbano – Cristian Borquez.

Fundación Proa / Caminito, la Boca.

Restricciones, contrastes, entre cuestiones sociopolíticas y un entorno arrasado por la crisis económica. Es lo que encontramos al llegar al barrio de la Boca. Un punto turístico de la ciudad, pero en los márgenes de lo considerado “seguro”, turísticamente hablando. Separado por el putrefacto Riachuelo del sur del conurbano bonaerense, separado por el abandono de un lugar que supo tener sus días de auge, que supo tener aires de esperanza para los inmigrantes que llegaban a estas tierras en busca de una nueva vida. En ese pasado de mixturas se formó el crisol cultural criollo que a lo largo de las décadas, la clase trabajadora, inmigrante con su herencia a cuestas, fue plasmando en todo el barrio de manera tan palpable. Hoy en día, Caminito, centro turístico por excelencia, cercado por las aguas del Riachuelo, por vestigios de la devastada industria nacional, por asentamientos de emergencia y villas miseria, y por la colorida paleta que viste al barrio con la piel de la intervención artística de Benito Quinquela Martin. Caminito, pasaje urbano portuario recuperado y transformado en “calle museo”, establece con sus habitantes y transeúntes un habitar artístico, y nos interroga acerca de nuestro preconcepto de espacio museístico clásico al romper la visualización urbana clásica y disponer una puesta en escena ideada para el turista en medio del paisaje urbano. En este marco se enclava la Fundación Proa, organización privada, de inversión millonaria y pretensión de lograr estándares internacionales a nivel artístico. En este marco nos encontramos con el contraste y la tensión entre el pintoresco barrio de montaje caótico, y este espacio de arte, de ambiciones de elite internacionales, que intenta dialogar con su entorno urbano haciendo uso para acondicionar este espacio, de la arquitectura y el arte povera, que utiliza materiales considerados pobres, como maderas y chapas, que podemos encontrar utilizadas en el resto del barrio, pero que en la Fundación Proa tienen propósito de identificación y coexistencia urbana, pero también establece un abismo de diferencias.
Este diálogo entre el interior del espacio de arte y el exterior del barrio van a marcar y determinar todo este recorrido. Tal como se puede distinguir en la Imagen 1, donde el recurso del montaje nos permite establecer un paralelo interior/exterior entre una obra escultórica perteneciente a una fachada del barrio y una de las obras de arte de la muestra. La primera, da cuenta del pasado inmigratorio, y de la vida ardua de la clase trabajadora. La segunda, corresponde a la artista checa Eva Kotátková y su obra “The Re-Education Machine”, en la que podemos ver  “su exploración de procedimientos restrictivos y manipulativos y la forma en que estos afectan el contrato social entre los individuos”; los individuos en sus obras son presas, enjauladas, atados a su devenir y manipulación. Tal como la clase obrera del barrio portuario, atados a las restricciones de las diferencias de clases e injusticias sociales que manipulan sus posibilidades de desarrollo.
La exposición “Aire de Lyon” presenta gran parte de las obras y autores que participaron en la 11ª Bienal de Lyon, en 2011, pero bajo otras circunstancias y otros formatos: algunas obras son las mismas y otras han sido concebidas especialmente para esta exposición. La Fundación Proa se propone de este modo, como un espacio para la acción, dejando atrás la concepción de espacio de arte clásico de contemplación. Espacio para la acción que desde la entrada al recorrido presentado ante nosotros como un Atlas, un recorte de una percepción del mundo, reorganizable, modificable parcialmente en este caso, pero que nos permite entablar otro tipo de relación con las obras distinta a la clásica contemplación de una obra pictórica. La composición del espacio de arte, la disposición de las obras, la dislocación y reconfiguración del espacio, nos permiten en cierto sentido no solo contemplar las obras, sino también, “habitar” el espacio reconfigurado conceptualmente.
La exposición es oscura, cautivadora pero espectral, “una terrible belleza ha nacido” tal como era el eslogan de la Bienal de Lyon. En este espacio para la acción, las obras nos invaden desde el primer paso, por ejemplo desde el suelo totalmente cubierto por la obra de Cildo Meireles, “La bruja 1”, 3000 kilómetros de hilo que invaden la totalidad del espacio expositivo, incomodando el normal deambular por la sala, sembrando el caos con esta maraña entramada que también invade espacios donde se exhiben otras obras, estructurando y reconfigurando el recorrido. En la Imagen 2 podemos ver algunos de sus hilos colgantes del techo “invadiendo” otra de las obras que también se apropian del espacio expositivo: la serie de poemas visuales de Augusto de Campos. Esto pone de manifiesto la gran libertad de producción que la institución, en este caso al ser privada, facilitó el trabajo de armado y montaje de las obras. Ya en “la bruja 1” vemos activo el procedimiento de montaje, una obra perpetua, inacabada, que incluso puede ser alterada por el constante caminar de los espectadores sobre la obra misma. En cambio, los poemas visuales de Campos hacen uso de otro tipo de “apropiación” del espacio: no hay marcos, las paredes de la Fundación son el “lienzo”, se resignifica el espacio de exposición, se reconfigura la percepción ¿qué es obra y qué es mobiliario?¿La obra se apropia del edificio o este es el que se presta a la intervención sectorizada? De Campos tiene en claro estas cuestiones en su obra de poesía concreta, lo importante para él es la materialidad de la poesía, no la sintaxis tradicional o los versos, en su obra la métrica, los tiempos de lectura, están dados por la materialidad, por el uso de la tipografía como forma. El uso tecnológico de la tipografía, ploteos de corte aplicados a las paredes, establece un medio que influye en su mensaje, el interno de los versos materializados y al simultáneamente el ritmo tipográfico es el que impone el tiempo de lectura, al igual que el espacio influye en él la transformación del mensaje poético. Vemos un uso de la tipografía no utilitario, que apunta a un resultado poético, ideológico y que se apropia del ambiente conviviendo con otras obras. Al tiempo que requiere conocimientos técnicos y gráficos de diseño y manejo tipográfico. Ubicándose en el eje contario al uso tipográfico institucional de la marca de la Fundación Proa, encargada a un estudio de diseño inglés, que realizan branding cultural. Cabe destacar qué tipo de percepción puede tener un estudio extranjero de una identidad nacional que ha recabado información acerca de la historia del barrio investigando a distancia. De campos usa la tipografía con fines expresivos, constructivistas; la Fundación Proa, con fines de identidad e imposición de marca.
En la exposición hay espacio para obras audiovisuales, nuevamente nos encontramos con una obra de José Alejandro Restrepo, pero en otro ámbito de exposición. Se trata de “El arte de la retórica manual” (Imagen 3 y video) en la cual a partir del uso y resignificación de imágenes de archivo, da cuenta de un universo expresivo a través del uso del lenguaje corporal, de las manos. El video de creación (imagen técnica audiovisual de tercer grado, conceptual) instaura un diálogo entre autor y espectador a un nivel más reducido, rompiendo con el concepto de audiencia masificada de la TV, la linealidad narrativa y el principio de realismo. Y este es precisamente el logro de la obra: apropiarse de imágenes de archivo, que incluso originalmente pudieron haber sido transmitidas por TV, en las noticias, mostrando a algún político o personalidad colombiana con la cual no estamos familiarizados aquí como espectadores. Ese no es el punto, el objeto es la resignificación a través de la conceptualización artística, aquí está la provocación, en el cambio y reconfiguración en la composición con fines artísticos. Al cambiar el origen de la imagen, apropiarse de ella y fabricar su sentido desde lo práctico, técnico o intelectual, también se cambia la forma de percepción. Ya no percibimos la imagen como “reflejo de la realidad”, sino como construcción de ella, no dándole carácter de verdad y documental a priori. Se extrapolan los lugares, los códigos y los personajes, se produce un traspaso de la imagen de archivo documental a obra de arte, a través de operaciones minimalistas, como la alteración de la velocidad “real” de la acción (ralentizar la corriente de la información, imponiéndole un nuevo tiempo), enfatizando en los movimientos y gestos; reforzándolos solo con un efecto sonoro: el golpe de la mano sobre la mesa. Minimalismo y economía de recursos para significar a través de lo ideológico, un gesto político, la enajenación y descontextualización espacio temporal de la imagen audiovisual de una figura pública. El video arte rompe el lazo de subordinación con la TV y los medios masivos, toma su lado cultural para filtrarlo desde la luz del video, haciéndolo arte. La transgresión está, precisamente, en apoderarse de los contenidos de “distribución” de los medios para “producir”, generar algo conceptualmente distinto a través de su manipulación técnica.
A modo de cierre, podemos cuestionarnos si en la Fundación Proa, la exposición funciona como una “Máquina de guerra” (en términos de Deleuze) como dispositivo capaz de contradecir los aparatos de Estado, ya que esta es una institución privada. En todo caso, también tiene sus intereses, sus tensiones económicas y exigencias de resultados. La exposición como máquina de guerra, va a ir más allá de su nombre impuesto, de un eslogan, el desarrollo de significaciones va a ser ilimitado, al basarse en el proceso ilimitado del montaje y repercutirá en los espectadores quienes ampliarán y producirán sus propios significados al interpretar conceptualmente las obras en un sinfín de posibilidades asociativas. Sin embargo, la frontera y el diálogo entre exposición, Fundación Proa y el barrio van a estar abiertas siempre como una posibilidad de aproximación, al alcance de la vista desde sus ventanales como vemos en la última Imagen. Una visualización activa, no mera percepción, un recorrido influido hasta por las mismas obras que modifican el devenir de nuestro andar, de habitar la exposición. No es un muro cerrado, es una invitación al diálogo interno / externo entre espacio de arte y contexto urbano, a pesar de los evidentes contrastes entre cada uno de los dos mundos.




                                             Imagen 1

Imagen 2

Imagen 3

Imagen 4

2 comentarios:

  1. Pido disculpas por no haber podido postear a tiempo ayer, estoy algo mal de salud y recién pude subir todo hoy que ya me sentía algo mejor. En compensación, agregué más contenidos de imágenes, videos y un texto mucho más profundo. Gracias por leer.

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  2. V+
    El ensayo está correcto; no es necesario agregar más contenidos o imágenes, hacerlo más extenso, para que sea profundo.
    En cuanto a las imágenes, me parece que en el 2º ensayo la mirada era más crítica y a través del encuadre, podías apelar a ideas mucho más fuertes, que en este caso donde realizás un collage ("montaje vertical") en el que es más dificil distinguir las imágenes, y por lo tanto, las ideas.
    Lo más particular aparece cuando, en el interesante análisis exterior-interior, relacionás una escultura del espacio urbano con una obra del espacio de arte. Sería mejor profundizar por ese lado, que realizar un análisis descriptivo de muchas obras.
    El cuestionamiento que realizás del espacio como máquina de guerra es una cuestión que nos interesa mucho y en la que podés seguir trabajando, cuestionando la institución, las decisiones, el montaje de la exposición, etc.

    Mariel-

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